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jueves, 6 de junio de 2013

El chupete

Ya os conté en el post de la lactancia que en principio mi idea era no darle chupete para que no interfiriera en el proceso, pero tras dos noches sin dormir se lo dimos, y fue nuestra salvación.

Al principio apenas lo usaba. Se lo dábamos cuando lloraba mucho, e incluso se le caía cuando dormía. Pero poco a poco pasó a tener una dependencia un poco mayor del aparatito. Vamos, que últimamente no lo soltaba, vaya. Si bien no es un tema que me preocupara especialmente, sí tenía ganas de que no lo usara más, porque no se lo quitaba ni para hablarme, y eso la verdad es que me ponía muy nerviosa.

Además, nunca he llegado a entender por qué en la guardería no lo usaba para nada desde el año (ni tenía, de hecho), pero en casa no se desprendía de él. Era salir de la guardería y pedirlo.

El caso es que el martes de la semana pasada nos fuimos a dar un paseo y su preciada posesión se perdió... Lo busqué como una loca y no hubo manera, así que se lo dije tal cual. Lo hemos perdido, Pitufo. Y cuando yo pensaba que iba a montar la de San Quintín, me contesta con toda la naturalidad del mundo Vaya faena, ahora tendré que dormir sin chupete como un mayor. ¡Sorpresa!

Como no podía ser todo tan bonito, claro, el chupete de repente apareció. Y antes de que me diera a mí tiempo a despistarlo me dijo Mira, mami, el chupete se ha caído ahí. Así que intenté negociar con él (es un negociador nato, siempre lo regatea todo). Habíamos visto unos muñecos de plástico en la panadería, y le dije que si dormía 7 noches sin chupete le compraba uno. Accedió. Pero reculó en cuanto llegamos a casa, y me dijo No quiero que me compres ningún muñeco, dame el chupete. Segundo fracaso. Lo dejé correr, ahora que viene la hermanita tampoco me parecía el momento para forzarle...

Pero el destino quiso que lo volviera a intentar. El jueves me lo pidió al salir de la guardería. Y cuando se lo fui a dar me di cuenta de que estaba roto. Muy roto. El uso que le daba últimamente al chupete era el de chicle, así que os podéis imaginar que muela derecha, muela izquierda, el estado era deplorable. Y me dio uno de los pocos miedos maternales que he tenido. ¿Y si por la noche se le desprende un trozo y se atraganta?. Así que le dije que el chupete estaba muy roto y que había que tirarlo. Me preguntó que por qué. Le expliqué que se podía atragantar, y me dijo bueno, vale, está bien, tíralo.

Y de la necesidad hizo virtud. ¡Ah! Cuando lleve siete noches sin chupete, me compras la Peppa Pig. Y le dije que sí. Y con su tía hizo una cartulina con los números del uno al siete para poner gomets azules las noches sin chupete. Y en toda la semana lo ha pedido una única vez. Y el miércoles compramos el premio. Y esta mañana, cuando ha puesto su último gomet, ha tenido su "jirafita bonita" (que sí, que no es Peppa Pig, pero juro que lo eligió él).

Está tan orgulloso que el lunes lo primero que dijo al entrar en la guardería fue: Ana, tengo que decirte una cosa muy "impoltante" que te va a gustar mucho: ya duermo sin chupete. ¡Si es que es más mono!

¡Tengo una idea! Me dijo antes de la primera noche sin chupete. Podemos ir a una tienda, y comprar otro... Conseguí convencerle, pero para que veáis que no es fácil dársela con queso...

¡Nos leemos!